Peñíscola ha sido encrucijada de cuantas civilizaciones mediterráneas, la fortaleza de Peñíscola incluye el castillo y sus murallas, construidas en distintas épocas adaptándose a la orografía accidentada del peñón. La Playa Norte con una longitud aproximada de cinco kilómetros y 44 metros de anchura media, alterna zonas de arena (3 km) con bolos en el extremo más alejado de la ciudad. Se trata de una playa de aguas tranquilas y excelentes equipamientos. En el paseo marítimo que la bordea se suceden cafeterías y restaurantes, quioscos y tiendas especializadas en productos para el sol y el baño. Son tradicionales en la cocina autóctona el all-i-pebre de rape, los polpets o el suquet de peix, así como los mariscos, dátiles de mar, caracoles puntxents , mejillones, caixetes, cigalas, etc. Sin olvidar que el paladar agradecerá probar los suculentos arroces en sus variedades marineras, la paella y la fideuà. En nuestro complejo “La Bodega de las Atalayas” en la urbanización con el mismo nombre, podrá degustar especialidades de la cocina valenciana y carnes a la brasa. Así como disfrutar de un espectáculo flamenco.
Peñíscola ha sido encrucijada de cuantas civilizaciones mediterráneas, la fortaleza de Peñíscola incluye el castillo y sus murallas, construidas en distintas épocas adaptándose a la orografía accidentada del peñón. La Playa Norte con una longitud aproximada de cinco kilómetros y 44 metros de anchura media, alterna zonas de arena (3 km) con bolos en el extremo más alejado de la ciudad. Se trata de una playa de aguas tranquilas y excelentes equipamientos. En el paseo marítimo que la bordea se suceden cafeterías y restaurantes, quioscos y tiendas especializadas en productos para el sol y el baño. Son tradicionales en la cocina autóctona el all-i-pebre de rape, los polpets o el suquet de peix, así como los mariscos, dátiles de mar, caracoles puntxents , mejillones, caixetes, cigalas, etc. Sin olvidar que el paladar agradecerá probar los suculentos arroces en sus variedades marineras, la paella y la fideuà.
Peñíscola ha sido encrucijada de cuantas civilizaciones mediterráneas, Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes apreciaron su ventajosa situación estratégica y su seguridad como fortaleza. La fortaleza de Peñíscola incluye el castillo y sus murallas, construidas en distintas épocas adaptándose a la orografía accidentada del peñón y contribuyendo a la leyenda de fortaleza inexpugnable. La Playa Norte es la playa de Peñíscola por antonomasia. Con una longitud aproximada de cinco kilómetros y 44 metros de anchura media, alterna zonas de arena (3 km) con bolos en el extremo más alejado de la ciudad. Se trata de una playa de aguas tranquilas y excelentes equipamientos. En el paseo marítimo que la bordea se suceden cafeterías y restaurantes, quioscos y tiendas especializadas en productos para el sol y el baño. En la costa sur se halla la sierra de Irta, una alineación montañosa con 573 metros de altura máxima y 15 kilómetros de fachada litoral. A Irta se puede llegar cruzando los antiguos senderos rehabilitados recientemente con un sistema de señalización específico. En la sierra de Irta puede visitarse la ermita de Sant Antoni que data del siglo XVI. Peñíscola es, hoy en día, escenario de importantes acontecimientos culturales de ámbito internacional. Inaugura el año el Premio de Relatos Breves Ciudad de Peñíscola, cuyo jurado está compuesto por prestigiosos miembros de la Real Academia Española de la Lengua. Son tradicionales en la cocina autóctona el all-i-pebre de rape, los polpets (‘pulpitos’) o el suquet de peix, así como los mariscos, dátiles de mar, caracoles puntxents (‘cañadillas’), mejillones, caixetes, cigalas, etc. Sin olvidar que el paladar agradecerá probar los suculentos arroces en sus variedades marineras, la paella y la fideuà.